El franquismo condenó a muerte a Miguel Hernández por hechos "de escasa trascendencia", aunque terminaría conmutando la pena por treinta años de cárcel para no perjudicar la imagen internacional de la dictadura.
En las observaciones de un documento del Ministerio del Ejército, fechado el 4 de junio de 1940, donde se acuerda la conmutación, figuran los datos ("28 años, casado, escritor, natural de Orihuela, vecino de Madrid") y la biografía de Miguel Hernández Gilabert:
"Voluntario en el Ejército rojo, pasó más tarde al Comisariado político. Dedicado a las actividades literarias, era miembro activo de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, habiendo publicado numerosas poesías, crónicas y folletos de propaganda revolucionaria".
Nada susceptible de merecer una condena a la pena capital. "Dada la escasa trascendencia de los hechos que se le imputan se acuerda el conmutado", reza el informe del departamento de Asesoría y Justicia del Ministerio del Ejército.
El documento, conservado en el Archivo General Militar de Ávila, ve ahora la luz en la biografía Un poeta en la Historia. Vida de Miguel Hernández (Akal), de Mario Amorós, quien también desvela la correspondencia entre el diplomático chileno Germán Vergara Donoso y Rafael Sánchez Mazas, ministro de Franco y dirigente de Falange.
"Vergara Donoso era un hombre conservador, pero alejado del fascismo", según el historiador, quien recuerda que tuvo "un comportamiento admirable con el poeta", pues "por decisión propia envió ayuda económica a su esposa, Josefina Manresa, y también a él, así como alimentos".
Gracias a difusión de las cartas inéditas y a la investigación de Mario Amorós, "queda patente, por primera vez, su papel trascendental no solo para salvar a Miguel Hernández del paredón, sino también para lograr su traslado a cárceles más próximas al lugar donde vivían su esposa y su hijo (el pueblo alicantino de Cox), la mejora de sus condiciones de vida en prisión y, ya en el invierno de 1942, para intentar su traslado al sanatorio penitenciario de Porta Coeli, especializado en la atención a enfermos de tuberculosis", detalla el historiador.
"Cuando la dictadura aprobó este traslado, tras forzar al poeta a contraer matrimonio católico con Josefina Manresa, ya era demasiado tarde: falleció una semana después", lamenta Mario Amorós.
Miguel Hernández, condenado a muerte.
Vergara Donoso había pedido a Sánchez Mazas el 25 de mayo de 1940 que interviniera para que le conmutaran la pena capital al poeta. El ministro sin cartera no tarda en responderle en una cuartilla con membrete de Falange, donde señala que "hice una gestión en su favor, que reiteraré", al tiempo que le dice que "tan pronto sepa algo concreto escribiré al citado Miguel Hernández".
La pena de muerte fue conmutada por la inmediata inferior. Sin embargo, Mario Amorós denuncia que lo condenen a tres décadas entre rejas: "En este documento, que es una prueba más de la feroz crueldad de la dictadura, el régimen reconoció que había sido capaz de condenar a muerte a una persona a la que solo había imputado hechos de escasa trascendencia. Y, una vez admitido esto, la resolución, que ni Sánchez Mazas, ni Ridruejo cuestionaron, fue condenar al poeta a treinta años de cárcel, en las condiciones infrahumanas que sus prisioneros padecían".
Precisamente, "gracias a las gestiones del escritor José María de Cossío y del diplomático Germán Vergara Donoso, el intelectual falangista Dionisio Ridruejo (jefe nacional de Propaganda de los facciosos durante la guerra) había sugerido a los ministros José Ibáñez Martín y Rafael Sánchez Mazas la conmutación de la pena capital aduciendo que el fusilamiento de Miguel Hernández podría tener un impacto semejante al del asesinato de Federico García Lorca en el verano de 1936 y dañar aún más la imagen internacional del régimen", explica el historiador.
Antes de que Vergara Alonso se pusiese en contacto con Sánchez Mazas, el propio Miguel Hernández escribía al diplomático que daba por hecho que estaba mediando para que le conmutasen la pena de muerte: "Confío en una feliz solución. Y, si esta no llegara, confío en mí, que es lo que no puedo dejar de hacer nunca".
Rafael Alberti y Miguel Hernández
Mario Amorós, que presenta Un poeta en la Historia este miércoles en Madrid y el próximo lunes en Orihuela, detalla con minuciosidad su papel propagandístico como militante del PCE y además desmiente en su libro "una de las falsedades más repetidas durante años, que María Teresa León y Rafael Alberti abandonaron a Miguel Hernández al emprender el camino del exilio".
"Alberti y León se encontraban junto a Negrín en la Posición Yuste, en el valle del Vinalopó, el 5 de marzo de 1939, cuando se produjo el golpe de Estado de Casado, Besteiro y Mera contra el Gobierno legítimo presidido por Negrín, que condenó a la República a la peor de las derrotas. Al día siguiente, desde el aeródromo de Monóvar, Negrín partió a Toulouse y Pasionaria, Alberti y María Teresa León a Orán. Fue un exilio precipitado en cuestión de horas por ese golpe de Estado, que puso fin a la resistencia republicana y situó al Partido Comunista en una situación muy difícil", explica Mario Amorós.
El historiador destaca la documentación inédita procedente del Fondo Documental Germán Vergara Donoso, depositado en el Archivo Nacional de Chile, donde figura la correspondencia entre el diplomático y Miguel Hernández o Sánchez Mazas, así como los informes enviados al Ministerio de Relaciones Exteriores chileno sobre sus gestiones a favor del poeta.
"Además, dedico un amplio epílogo a explicar cómo Josefina Manresa, con la ayuda invaluable sobre todo de Vicente Aleixandre, logró proteger su legado literario y cómo se fue gestando la recuperación de su figura desde los años más sombríos de la dictadura hasta su impresionante vigencia actual", concluye Mario Amorós, quien presentará la próxima semana su biografía también en Alacant, Elx, Aspe y Novelda.
Noticia:

No hay comentarios:
Publicar un comentario